‘Por mi gran culpa’ de Ligia Urroz: una novela que transforma una herida familiar en soberanía del lector
HoyLunes – La abuela no lo contó como una confesión, sino como un susurro. No buscaba absolución ni castigo: apenas dejar constancia de algo que durante generaciones había vivido enterrado bajo el miedo, la fe y el silencio. De ese murmullo —incómodo, impreciso, humano— nace ‘Por mi gran culpa’, la novela de Ligia Urroz que convierte una llaga familiar en materia literaria sin exigirle al lector que tome partido. No estamos ante un ajuste de cuentas ni ante una lección moral, sino ante una apuesta más arriesgada: confiar en que quien lee sabrá habitar la contradicción sin que nadie le dicte cómo debe juzgarla.

El punto de partida es, inevitablemente, un escándalo. Un alto jerarca de la Iglesia, una joven embarazada, un exilio forzado de España a Nicaragua y una familia marcada por una verdad que no podía pronunciarse sin temor a Dios. Pero la novela no se escribe para explotar ese escándalo, sino para «desactivarlo como espectáculo» y devolverlo a su condición original: una herida transmitida en voz baja, deformada por el tiempo, cargada de culpa y de ambigüedad.

Ahí reside una de las decisiones más interesantes del libro. Urroz no busca culpables ejemplares ni víctimas puras. No convierte el abuso en bandera ni la fe en caricatura. Prefiere algo más incómodo: mostrar cómo la condición humana se mueve entre la contradicción, la obediencia, el deseo y el miedo. Esa elección narrativa la emparenta más con la tradición de la gran novela decimonónica —donde los acontecimientos se encadenan sin moraleja explícita— que con cierta ficción contemporánea obsesionada por subrayar su tesis.
´Por mi gran culpa´ no pretende enseñar al lector qué pensar sobre la Iglesia, el abuso o la herencia moral. Pretende algo menos tranquilizador y, por eso mismo, más literario: «dejarlo solo ante el texto». En tiempos en los que muchos libros llegan acompañados de instrucciones éticas implícitas, esta renuncia al adoctrinamiento resulta casi subversiva.

Desde ‘HoyLunes’, recomendamos esta novela no porque “denuncie” ni porque “conciencie”, sino porque **respeta la inteligencia del lector**. La obra no impone una lectura correcta ni clausura el sentido con una conclusión edificante. Invita a transitar emociones contradictorias —rabia, ternura, incomodidad, compasión— sin jerarquizarlas. Esa es una forma exigente de honestidad literaria.
Este respeto conecta con una tradición crítica sólida. Roland Barthes defendía que el sentido de un texto no pertenece al autor, sino a quien lo lee; Umberto Eco hablaba del lector como co-creador del significado; Martha Nussbaum ha insistido en que la literatura valiosa no dicta juicios morales, sino que «ensancha la capacidad de comprender». ´Por mi gran culpa´ se inscribe, conscientemente o no, en esa línea: no ofrece respuestas cerradas, sino un espacio donde pensar sin obedecer.
En «Leo por ti«, esta recomendación no funciona como una reseña pasiva ni como una prescripción de consumo. Es una «curaduría cultural con criterio». Apostamos por libros que no buscan convencer, sino dialogar; que no tranquilizan, sino que permanecen. Leer ‘Por mi gran culpa’ no es un acto de adhesión, sino de soberanía: la del lector que acepta enfrentarse a una historia sin red, sin sermón y sin consignas.
#LeerSinObedecer





